Un lenguaje diferente en peligro

Por Emanuel Respighi

Hay otras voces –muchas- detrás de las grandes luminarias de la radio. Profesionales, estudiantes, militantes, amigos, ciudadanos o simplemente soñadores que se acercan a la comunicación radiofónica para construir un vínculo completamente diferente al que se persigue en las radios comerciales. No tendrán audiencias masivas, tampoco el reconocimiento de los grandes medios, y mucho menos sus condiciones técnicas y económicas, pero tanto las emisoras comunitarias como las universitarias ocupan un lugar fundamental en el éter argentino. Hay, en ellas, otras búsquedas temáticas, lenguajes diversos, concepciones estéticas experimentales y, fundamentalmente, finalidades comunicacionales singulares. Son las radios en las que los intereses sociales, educativos y culturales de la comunidad a la que interpela con asombrosa cercanía se anteponen a las leyes y necesidades del mercado. Ellas, las radios comunitarias y las universitarias, también deben enfrentar el desafío que le impone el avance tecnológico y el vacío legal de una norma que tiene vigentes algunos artículos pero que en la práctica pareciera ser letra muerta ante la nueva e incierta Ley de Telecomunicaciones que impulsa el gobierno.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), con todos sus inconvenientes en la implementación, revolucionó el modelo radiofónico legal vigente: le permitió a las organizaciones sin fines de lucro –cooperativas, pueblos originarios, comunitarios- poder acceder a una licencia, a la vez que reservó también esa posibilidad a cada universidad. La evolución que han tenido los medios universitarios a partir de 2009 en Argentina es notable: al cabo de 6 años, llegaron a ser 59 las radios de universidades públicas, y alrededor de 25 los canales de TV instalados o en vías de instalación en las modalidades web y antena. En el caso de las radios comunitarias, la preservación del 33 por ciento del espectro radiofónico para las organizaciones sin fines de lucro, sin embargo, no modificó en (casi) nada su situación: si bien ahora están en condiciones de acceder a una licencia (la ley-decreto de la dictadura sólo les permitía explotar el espectro a las sociedades comerciales), fueron pocas las entidades que fueron legalmente habilitadas. O no todas las que se hubieran deseado.

!*CORTE*!

“El intento de adecuar los medios concentrados a la LSCA se llevó gran parte de los esfuerzos de la gestión de la autoridad de aplicación (AFSCA), lo que determinó que quedaran inconclusas las autorizaciones de más de 6 mil radios comunitarias, cooperativas y locales”, le cuenta a Página/12 Mario Giorgi, responsable de Medios de la Universidad Nacional de Avellaneda. “Hoy corren riesgo de cierre, ya que sin ley se quedan –se lamenta el locutor y periodista- sin cobertura o deben interrumpir sus emisiones por razones de costos y el tarifazo. Ese panorama golpea duramente también a las radios universitarias. Por ejemplo, nuestro emblema fundacional, la radio de la Universidad Nacional de La Plata, pasó de pagar 5 mil a 36 mil pesos la tarifa de energía eléctrica que requiere su planta transmisora. En materia de asistencia y autorizaciones de emisión, la salida del gobierno anterior dejó inconclusos los trámites de permisos para erigir las nuevas emisoras de radio y TV, no actuó ante las denuncias de interferencias y no aplicó los planes técnicos requeridos para que las emisoras universitarias logren competir en igualdad de condiciones ante aquellas redes de radios comerciales”.

La disputa de la AFSCA para adecuar al Grupo Clarín, coinciden desde las radios comunitarias, relegó a un segundo plano el proceso de legalizar la situación de las entidades sin fines de lucro. “La mayoría de las emisoras comunitarias no posee licencia”, cuenta Fabiana Arencibia, integrante del colectivo de comunicación Red Eco Alternativo y de la Red Nacional de Medios Alternativos. “Esta situación se arrastra desde la ley de la dictadura cívico-militar-empresaria y empeorada por los gobiernos que la siguieron. Esa ley no nos contemplaba; éramos ilegales. La sancionada durante el kirchnerismo –aún vigente, modificada en algunos artículos y en camino a ser reemplazada- nos contempla dentro de los sin fines de lucro, pero tampoco su aplicación avanzó. Si bien se entregaron algunas autorizaciones excepcionales a medios definidos como de “muy baja potencia” y en zonas de “alta vulnerabilidad social y/o escasa densidad demográfica”, no se crearon las condiciones para que el sector de los comunitarios, alternativos y populares pueda concursar. No se elaboró el Plan Técnico que la ley exige, ni se reservó el 33% del espectro. Llegamos a la nueva gestión de Cambiemos en situación de vulnerabilidad, al no tener licencias, con el agravante de que para la actual gestión la comunicación adquiere una connotación mercantilista, de libre competencia, de eficiencia y en el marco de lo que denominan convergencia tecnológica”, se queja Arencibia.

!*CORTE*!

La suerte de las emisoras comunitarias y las universitarias, entonces, quedará sujeta a la marcha de la economía, pero fundamentalmente a la política comunicacional que implementará el gobierno, aún incierta en relación a estos actores del espectro. El anteproyecto de ley de “convergencia” que se está redactando debería tener en cuenta a estos protagonistas de relevante función social, creando y garantizando las condiciones para no perder –incluso mejorar- los vínculos de pertenencia que construyen desde sus micrófonos. Según los 17 puntos elaborados por Cambiemos para la redacción del anteproyecto, titulados “Principios que regirán la Ley de Comunicaciones Convergentes”, los medios universitarios no están contemplados y los de gestión sin fines de lucro están definidos en términos de “herramientas de comunicación de poblaciones de singularidad cultural, social, de poblaciones distantes o de difícil acceso”, asignándoles un rol secundario y marginal.

“Se presume que la nueva ley será un texto sin restricciones para que los grupos hegemónicos sigan multiplicando su predominio. Se va intuyendo un recorte al acceso a los medios para distintos sectores de la vida institucional y comunitaria”, subraya Giorgi, en relación al próximo marco legal. “La titular del Enacom, Silvana Giudici, comprometió una instancia de encuentros para conocer la situación de los medios universitarios. Esas reuniones no solo no se produjeron, sino que, por el contrario, el organismo ha organizado encuentros en distintos puntos del país, sin que se haya invitado a participar a las radios universitarias”, denuncia el titular de Medios de la Universidad Nacional de Avellaneda, institución que forma parte de la red ARUNA.

En una situación legal y económica aún más precaria, las radios comunitarias temen quedar reducidas a un tipo de comunicación marginal. Un equívoco que complicaría aún más la sustentabilidad de emisoras que, en muchos casos, son el único medio para comunicarse en una comunidad. “Ser emisora comunitaria no significa necesariamente ser de baja potencia. A veces se asocia nuestros medios con algo chiquito y marginal, lo cual no se condice con diversas realidades. En nuestros medios juegan un papel protagónico y determinante las comunidades geográficas y de intereses que los construyen. El cara a cara, lo no virtual, los vínculos territoriales y culturales son lo que le dan vida a nuestros medios. En muchos lugares alejados de las urbes, la radio sigue permitiendo la comunicación que ni los celulares posibilitan. Pensar en la revolución digital para la radio como si estuviese a la vuelta de la esquina y a la que todos podrán rápidamente tener acceso funciona, como mínimo, como un discurso peligroso, que puede empujar a renunciar a la lucha por nuestros medios tal como lo son hoy, en pos de algo que no sabemos cuándo llegará ni si será democrático o no, como no lo está siendo hoy la onda analógica”. Que la parafernalia tecnológica, entonces, no termine acallando estas otras voces.

Nota publicada en la Edición del Suplemento Espectáculo del Diario Página/12 del día SÁBADO 27 de Agosto de 2016