Claroscuros de la cadena evolutiva

Por Julián Marini y Darío Smulewicz

A principios de los ‘90, Hora 25, conducido por Jorge Lanata en Rock And Pop, proponía, tal vez, la primera experiencia de radio a demanda. ¿Querías escuchar el programa en tu walkman? ¿Querías hacerlo cuando vos tenías ganas, en el lugar que se te antojara? Fácil, te acercabas al edificio de la radio, entregabas un casete virgen y a cambio te daban uno con la grabación presta para ser escuchada. Pasaron más de 25 años y hoy existen programas diseñados específicamente para ese tipo de escucha. La misma radio que sobrevivió al cine mudo, al cine sonoro, a la TV y a la TV color se encontró con una nueva aliada: Internet. La lleva de la mano hacia nuevos dispositivos, plataformas y audiencias. A partir de su aparición, quizás lo único amenazado es el viejo aparato de transmisión. Pero la radio, sobre todo como lenguaje, se reinventa, se ramifica, se expande.

Smartphones, tablets, netbooks, notebooks y pc’s son algunos de los canales por los que hoy se escucha radio. Principalmente en los smartphones, que por estos días son las nuevas “Spikas”. En el período comprendido desde el 2014 hasta la actualidad, según un informe presentado por la consultora ANUNCIAR en la web especializada Totalmedios, la escucha a través de estos dispositivos creció un 23%, posicionándose como el de mayor crecimiento en cantidad de usuarios.

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Trascendiendo al aparato 

Podcast 

El término “Podcast” viene de la unión de las palabras Ipod y broadcast. Unos locos, ya no de la azotea, buscaban aprovechar las posibilidades que brindaban Internet y los nuevos dispositivos de reproducción para crear contenidos de radio de manera cada vez más sencilla. La idea se terminó de completar con la aparición del sistema de redifusión RSS, lo que permitía acceder rápidamente a la actualización de los archivos a partir de una suscripción. Desde entonces, un universo: hoy la suscripción mediante RSS no lo define, así como tampoco su reproducción exclusiva mediante Ipod. Existen distintos sitios que alojan este tipo de producciones, emisoras que los utilizan como complemento de su programación, sitios informativos que lo emplean como un agregado sonoro, series de TV que brindan material extra a través de ellos y hasta ficciones especialmente diseñadas para ser aprovechadas por esta manera de transmisión.

A ciencia cierta, el Podcast es una manera de transmisión de contenidos realizados a partir del lenguaje radiofónico, que sin embargo comenzó a definirse con algunas particularidades: atemporales, temáticos y pensados específicamente para este modo de reproducción. El cuarto rasgo importante es su consumo “on demand”. Por estos días, los Podcast crecen en número y calidad, un poco por su economía de producción, otro tanto por el desarrollo tecnológico que permite que cada vez haya más dispositivos integrados con Internet y, en gran medida, por los nuevos comportamientos de las audiencias. Definidos sus gustos e intereses, buscan especificidad en la oferta tanto informativa como de entretenimiento. Y algo muy importante: la posibilidad de escuchar estos contenidos donde y cuando plazca, sin estar condicionados por los días y horarios establecidos en las –pareciera­ vetustas grillas de programación.

Radiocut 

Durante una clase, en una escuela de Comunicación, una profesora sugirió a los estudiantes que se levanten temprano para escuchar determinado programa de la primera mañana. Rápido, del fondo, se escuchó: “Ni loco me levanto a esa hora, lo escucho después en Radiocut”. Radiocut es, como sus creadores dicen, otra forma de escuchar radio. Al ingresar en www.radiocut.fm se tiene la posibilidad de encontrar programas de hace horas, días o meses. Y además permite crear recortes, describiendo segmentos de esos programas, para compartirlos en la forma que uno desee. Es una gran sonoteca de emisoras de AM, FM y online. También se puede escuchar en vivo la programación que se elija.

La irrupción de Radiocut hizo que ya no sea necesario esperar una hora determinada para escuchar el programa preferido, o ni siquiera es necesario escuchar todo el envío para oír una sección, una entrevista, un editorial o una columna de opinión. Se trata de una nueva manera de consumir radio, pero no de proponer contenido. Lo que propicia este sitio/software es la forma en que las audiencias consumen los programas tradicionales.

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¿Emisoras?

En lo que respecta a las AM’s y FM’s, no se conoce otra manera de usufructuar una frecuencia y contener una programación: las emisoras mandan. Cada una con sus conceptos artísticos y comerciales en particular, siguen respondiendo a los cánones tradicionales de funcionamiento. Ni siquiera las emisoras alternativas y barriales han propuesto variante alguna. Existen, desde siempre, las que lotean espacios, y ahí encontramos dos grupos bien definidos: 

A) Las que lo hacen para cubrir gastos operativos y de logística, para así solventar programas de producción propia.

B) Las que simplemente están planteadas como un negocio en que la ganancia está en lotear la grilla y alquilar espacios. 

Si bien las emisoras online también reproducen estos esquemas, Internet y sus posibilidades permiten generar producciones radiofónicas utilizando redes sociales o sencillas plataformas de streaming o podcasting para alojar contenidos sin necesidad de grilla alguna: Youtube, Spotify o Souncloud son alguno de los ejemplos más conocidos. Así se inaugura una nueva manera de escuchar radio, pero también una nueva forma de realizarla. Este escenario, sin dudas, favorece la pluralidad de voces: cada cual, desde su hogar, puede generar sus propias producciones sin necesidad de alquilar un espacio o enviar un demo a ninguna parte. Se enriquece la oferta más allá del dial, de cara a novedosas maneras de utilizar el lenguaje radiofónico. Un buen ejemplo es serialpodcast.org, una audio­serie que aprovecha todas las posibilidades que otorgan los sitios web, redes sociales y distintas plataformas para diseñar un producto radiofónico atractivo e interesante, que prescinde de toda emisora para su difusión.

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Los ojos en la radio

¿Hay necesidad de sumarle imagen a la radio, de conspirar contra su magia, desnaturalizarla e ir en contra de su esencia, al revés de aquella idea hermosa que la define como “El Teatro de la Mente”? De un tiempo a esta parte, pareciera que sí, que este nuevo requerimiento está avalado por un espíritu de época: una era pletórica de contenidos audiovisuales, de ideas multiplataforma, de relatos transmedia que parecieran no soportar un medio al que puede considerarse “incompleto”. La primera respuesta­reflejo a esta situación, y sobre todo en el afán tan furioso como estúpido de captar audiencias, fue llenar los estudios de cámaras y emitir por TV o streaming de video lo que ahí transcurría. Pero lo que sucede entre los paneles acústicos y los micrófonos muchas veces no está preparado para ser develado a los ojos, o más bien no tiene ningún interés en que eso se produzca.

La magia se esfuma, todo se vuelve explicito, “pornográfico” y tosco: las voces poseen un cuerpo y una personalidad que muchas veces no se condicen con las de quienes las portan, y la sensación de estar siendo espiados, de estar a merced de una pandilla de voyeurs, es indiscutible.

Algunas emisoras se convirtieron en retransmisoras de programas de TV. Una de las experiencias más conocidas es la de ESPN con Pura química. ESPN es un multimedio con emisora de radio y canal de TV propios, que decidió “matar dos pájaros de un tiro” y retransmitir por su FM aquél producto televisivo. Intentaron remozarlo y agregarle algunos elementos propios de un magazine radial, pero no dejaba de ser un programa de televisión, pensado para televisión y realizado para televisión que, apenas, prestaba su aspecto sonoro para ser emitido en la 107.9 El resultado era, en términos radiofónicos, un engendro.

Otro de los esquemas dentro de los medios argentinos es el de FM Latina y el canal TLX; o Radio Del Plata y 360TV, donde lo audiovisual replica programas de radio. El resultado es desparejo: aunque agreguen escenografías y maquillaje, no dejan de ser producciones radiofónicas con escaso valor televisivo. En todo caso, simplemente suma un soporte por donde escuchar radio pero sin todas las ventajas que tiene el original: portátil, económico, etc.

Quizás la experiencia más interesante en combinar lenguaje radiofónico y audiovisual, en el país, es Vorterix. Es un proyecto que se presenta como multiplataforma e integra una emisora de radio, un estudio de TV y un teatro. Se presupone, entonces, que los contenidos están pensados para aprovechar al máximo las posibilidades de este proyecto audiovisual. Sin embargo, con el devenir, los resultados fueron desparejos o ­como mínimo­ forzados. Lo audiovisual prevalecía sobre lo radiofónico o viceversa, descompensando al producto final y haciendo ruido en el espectador. De todos modos, continúa siendo una propuesta pionera y punta de lanza en esta parte del mundo.

Más allá del sentir romántico que puede tenerse por la querida y vieja radio, la comunicación evoluciona, se transforma; y los proyectos multiplataforma o relatos transmedia poco a poco se van instalando entre espectadores/prosumidores de manera cada vez más natural. El mayor déficit en estas propuestas es el contenido, que debe pensarse para aprovechar sus posibilidades al máximo, no sólo a través del soporte novedoso.

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Lo que importa es lo de adentro

Mientras tantos corren despavoridos o protestones frente al devenir tecnológico que cambia de manera vertiginosa a la señora de 96 años, se pierde de vista la mayor amenaza. Interpela una larga y gris crisis creativa.

No es que no haya ideas, ni personas capaces de gestarlas, sino que las posibilidades y oportunidades son pocas. La mayoría de las AM’s y FM’s comerciales se manejan con extremada cautela, apuestan sobre seguro y no parecen tener intenciones de correr riesgos estimulando otros contenidos o dando espacio a los nuevos realizadores que pueden desarrollarlos. Se nota con una simple recorrida por el dial que no existe mayor renovación generacional. Los de siempre siguen en los mismos lugares, por cierto que en algunos casos manteniendo su calidad. La ecuación es simple y, aún si se contempla a los ejemplos en que se conserva la capacidad periodística, de conducción o entretenimiento, prevalece la comodidad. Son muy pocas las experiencias con criterios disruptivos, o refrescantes. Entre ellas corresponde citar a las FM Malena , La Tribu y BitBox, que además dan lugar a expresiones artísticas y periodísticas de casi nula difusión en los medios masivos.

Las radios alternativas no están exentas de la crisis creativa. Son la esperanza del medio, quizás, pero la alternatividad de muchas de ellas sólo se da en cuanto a su modelo de gestión económica o accionar ideológico. En el rastrillaje fino, sale a luz que quienes deberían proponer contenidos propicios para este tipo de proyectos reproducen estructuras y, no pocas veces, discursos de los medios sistémicos y hegemónicos. Desde ya, hay varias excepciones.

Internet, al menos por ahora, presenta un escenario mucho más fértil para generar nuevos contenidos. Al no estar regulado y al ser de todas las opciones la más económica ­y quizás democrática­ en términos de posibilidades, propicia la proliferación de nuevas voces, nuevas cabezas, de todo un nuevo zoológico de nuevos animales de radio. El ejemplo más claro está en los Podcast dónde se proponen temáticas específicas y variadas, dirigidas a audiencias muy puntuales. Ahí sin dudas hay aire fresco y renovación de cuentos, temas, historias. Una emisora a destacar en esa dirección es Radio Colmena.

La técnica avanzará y la radio se irá poniendo a tiro, pero no se puede descuidar y perder el culto a las ideas, a la creatividad. Más contenido y menos forma es una fórmula que se aprecia adecuada.

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El futuro

La radio es estructuralmente inoxidable. Cada vez que le hacen la cuenta para el nocaut se levanta y sigue. Las novedades tecnológicas, soportes, medios y audiencias, con sus respectivas nuevas formas de producción y consumo, quizás atenten contra el aparato y el medio tradicionalmente entendido; pero el “lenguaje radiofónico”, que es donde reside toda la magia, dispone del porvenir que siempre tuvo. Auspicioso y lleno de posibilidades por su encanto, versatilidad, mística y potencia creativa. Por muy meloso que resuene, no hay forma de desmentir que la radio vive en portátiles y smartphones. En la primera mañana de la AM más pintada y en el Podcast más freak del mundo. En el viejo animal de radio que todas las noches nos hace compañía y en esos chicos un poco atolondrados que se están mandando mensajes de audio para hacerse reír.

*Coordinador y Director respectivamente de la carrera Producción de Radio y Medios Audiovisuales de ETER.

Nota publicada en la Edición del Suplemento Espectáculo del Diario Página/12 del día SÁBADO 27 de Agosto de 2016